viernes, 12 de marzo de 2010

En Tres de Febrero no pasa nada

Si de algo estaba orgulloso, el intendente Hugo Omar Curto, era mostrar al resto de sus pares, que en su distrito se vivía en paz, sin sobresaltos ni protestas sociales con gente cortando calles y menos aún cortando por horas las vías del ferrocarril, como efectivamente ocurrió, en las últimas semanas.
Después de un largo período de casi nula expresión popular frente a la constante impunidad en el manejo de la cosa pública, transgrediendo cuanta norma legal exista, desde no contestar jamás un informe pedido por los Ediles, hasta la habilitación trucha de cuanto negocio y/o emprendimiento se produzca en su territorio, cada día mas parecido a un feudo, el pueblo de 3 de febrero se hizo oír. Hace cuatro semanas, los vecinos de Villa Bosch se despertaron con la sorpresa de un cerca bordeando un amplio terreno, aledaño a la estación del ferrocarril Urquiza, que en pocos días se convirtió en un muro de tres metros de alto, delimitando así una parcela de tierra que fue siempre pública. Es decir que se estaba privatizando parte de un predio, de cinco hectáreas del ferrocarril, en donde hace sesenta años los vecinos plantaron numerosos eucaliptos y que desde entonces forman parte de la identidad del barrio. Un pequeño bosque junto a la estación, y una antigua casa que donara la viuda de José María Bosch, constituye el casco histórico de un pueblo que cuida y valora su entorno para toda la comunidad.
El emprendimiento inmobiliario sobre dicho terreno fue el detonante que puso a los vecinos autoconvocados en estado de movilización permanente, realizando numerosas marchas, con miles de concurrentes, reclamando que con bienes públicos no se pueden hacer negocios privados. Ninguna persona intenta hacer un negocio, y menos en un lugar que es considerado desde siempre como público sin el guiño del municipio que le “arregla los papeles”, o crea ordenanzas que permiten privilegiar intereses particulares.
Ya había sucedido el año pasado con otro predio cedido en custodia por el O.N.A.B.E, en la localidad de Marín Coronado, que se intentó lotear para su posterior venta a los vecinos cuyos fondos lindan con esos terrenos, por cierto de mucho valor. Tengamos en cuenta que en numerosas localidades, sobre todo del interior, se está dando una fuerte lucha de los vecinos por conservar los espacios verdes que posee el ferrocarril y que Este organismo liquidador, creado en el año 2000 por una ley del congreso está intentando entregar como parte de una política de desguace de las empresas del Estado, según el modelo neoliberal de los noventa.
Hasta aquí, es uno de los tantos conflictos que se suceden en nuestro conurbano. Lo que lo hace destacable es el modo en que pretende resolverlo nuestro intendente. Una combinación de mentiras, aprietes de todo tipo, haciendo gala de poder sobre los medios de comunicación, la justicia, sus fiscales, y policía que en horas de la noche se presenta a los vecinos, que participan de las movilizaciones, para notificar supuestas intimaciones de los jueces locales. Es así que en la última movilización, acompañados por un descomunal despliegue policial de patrulleros y vehículos de la guardia de infantería de la provincia de Buenos Aires, los vecinos en cantidad de un millar, se dirigen al municipio, atravesando parte del municipio, con el propósito de concientizar a los vecinos de otros barrios, denunciando la usurpación. A pesar de ser las últimas horas de la tarde, en un momento del recorrido de la marcha, se les es cortado el paso por una patota dirigida por concejales del oficialismo, amenazando, insultando y golpeando a varios manifestantes al mejor estilo de épocas de terror en la Argentina. Aún en éstas circunstancias, la marcha se mantuvo firme logrando su objetivo de cortar un importante cruce vial y provocando la atención de todos los vecinos.
Lo que está ocurriendo en Villa Bosch es muy importante, si consideramos, que la defensa del espacio público no está entre los primeros lugares de la agenda que nos quieren imponer los medios de comunicación, demostrando que en muchos lugares como éste está creciendo la conciencia de frenar de algún modo el avance de lo privado sobre lo público.
Subiendo un escalón más en la conciencia, los vecinos hicieron carne el hecho que la inseguridad también puede recaer, ya no sobre la propiedad de particulares sino sobre un colectivo social al ser agredidos violentamente por patotas al servicio de funcionarios , que ejercen el poder político, y que deberían cuidar los intereses de toda la comunidad. Si bien a nadie sorprende el uso de la violencia, es necesario que subrayemos que fue dirigida especialmente contra nuestros jóvenes, pues saben que cuando la juventud participa en las iniciativas sociales entusiasman a toda la población y la participación popular redobla su impulso. Villa Bosch está siendo un ejemplo de lucha.

Pablo Lanza

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